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Sin lluvia, nada crece. Acepta las tormentas de tu vida

  • 27 nov 2025
  • 2 min de lectura

Actualizado: 2 mar

Otra maravillosa enseñanza budista. Mi "tormenta" trajo consigo regalos estupendos.


Ya he mencionado anteriormente que el primer apartamento al que nos mudamos en Valencia no era lo que esperábamos ni lo que la inmobiliaria nos había pintado. Supongo que es hora de profundizar un poco más en ello, ya que ha definido en gran medida el propósito de nuestro negocio y podría ayudar también a otros que están considerando mudarse a Valencia.

Cuando nos presentaron el piso, parecía genial y, como ya faltaban tres semanas para nuestro vuelo de salida, necesitábamos alquilar algo pronto. Pero tras entrar en la propiedad el día de nuestra llegada, empecé a sentir que faltaba algo. Un mes y medio después, descubrí que los propietarios nos habían ocultado información muy importante (y la inmobiliaria también). En resumen, decidí enseguida que lo mejor era buscar una nueva propiedad, y aunque tuvimos que buscar ayuda legal para recuperar el dinero y empezamos a empacar para mudarnos de nuevo, creo que fue una excelente decisión.

Ojalá hubiéramos encontrado un buen piso en el primer intento, pero siempre hay una razón perfecta para que nos toque el mal tiempo. ¡Dos inesperadas bendiciones surgieron de ello!

La primera es que el nuevo apartamento tiene una terraza increíble; está en el último piso (el ático) y ¡es más económico! Enseguida pensé en que iba a diseñar un patio fantástico que me serviría como el primer paso para crecer plantas nativas europeas. Mi sueño de crear un mini hábitat para abejas, mariposas y pájaros podía empezar a tomar forma.

Sorprendentemente, tener que buscar un nuevo lugar se alineaba con nuestro nuevo plan de negocios. Queremos que nuestra empresa gire en torno a algo más grande, como la importancia de apoyar a los corredores verdes para que la fauna prospere a través del diseño urbano y el rural. Esto es algo que aprendí trabajando por el medio ambiente: incluir en los diseños arquitectónicos formas de apoyar la biodiversidad. Después de todo, al construir todos estos edificios para que vivamos, contribuimos a la destrucción de su hábitat. Me parece que se los debemos.

Desde ahí empecé a pensar en el nombre perfecto para nuestra empresa, al final, opté por honrar a los valencianos e incluí la palabra Abella, ¡porque significa abeja en valenciano! Espero de verdad que vean cuánto nos encantaría marcar la diferencia en su preciosa ciudad y que apoyen nuestras iniciativas. No podremos prosperar a menos que estén dispuestos a colaborar con nosotros para ayudarlos con la creación de hábitats y mini estaciones de alimento para polinizadores.

Ah, y la segunda bendición es que considero al primer abogado que conocí en Valencia ¡mi buen amigo! Se llama Vicente y tiene un bello corazón.



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